Sueños
¿Qué es soñar?
Soñar es amar aquello que sientes,
Llorar cuando no existe,
Extrañar lo inexistente.
Es volar a un mundo nuevo,
Olvidar cada segundo,
Encontrar un nuevo camino.
Es sentir lo que de verdad amas,
Ver tu destino,
Recordar tu futuro.
Es hallar tu respuesta,
Alcanzar tus sentimientos.
Es cuando todo cobra sentido.
Cuando el corazón habla,
Cuando te hace darte cuenta,
De lo que llevas en ti,
De lo que quieres de verdad,
Es respirar la esperanza,
El anhelo de un consuelo.
Otra vez, otra vez ese sueño, me persigue cada noche, cada noche desde que desperté, desde que me dí cuenta de lo que había pasado. Sólo después de esa pausa, todo comenzó a pasar más deprisa, como si el tiempo quisiera llegar hasta un punto y despedir el presente para llegar hasta él. Todas y cada una de las noches de mi vida desde aquel día, veía en cada uno de mis sueños unos ojos, como el mar, llenos de visible oscuridad, entristecidos me miraban fijamente, encerrados bajo un cristal, perlas líquidas le rodeaban, lo llenaban de ensoñación, y justo cuando me acercaba, mi sueño se desvanecía, en el aroma del viento, que de mil colores rodeado, sus murmullos permanecían absortos. Con un aura de tristeza volvían a ocultarse bajo un manto de brillo intermitente.
Pero había algo curioso en el sueño, desde el primer día, hasta este momento, había conseguido acercarme cada vez más. Ya casi los podía tocar, oía voces en mi interior, que me impedían hacerlo, me mantenían quieta, a causa del miedo. Temía que el día en que los pudiese alcanzar, ocurriese algo, que dejase de soñarlo, que dejase mi camino, parecía que el destino tenía algo que ver con este sueño, un acontecimiento único, o que tal vez solo ocurriese una vez, y no volviese a soñarlo, o tal vez a vivirlo.
Confundida a causa del sueño, apagué mi despertador que sonaba sin cesar. Recordé aquel día en el que me mudé hasta aquí ya que yo siempre había vivido en una ciudad, lejos y cuando llegué, no tenía ninguna amiga, ni nada. Siempre estaba acompañada por mi mascota Buddy. Un día, comencé a ir al colegio, pero eso no fue suficiente. Al tiempo, conocí a una chica, la que hasta ahora es mi mejor amiga. Pasaba cada momento con ella. Pero con el tiempo, conocí también a más personas. Justo el día en que vi por primera vez a Maylie, comencé a soñar el sueño que hasta hoy me perseguía, parecía que el destino hubiese cambiado gracias a ella. Al principio, me costó bastante acostumbrarme a vivir aquí, pero lo conseguí. No quise irme de aquella ciudad, ya tenía a mis amigos allí, pero no me arrepiento de haberlo hecho, creo que aquí estoy mejor que allí, mi sitio ya está aquí.
Me levanté rápidamente para coger lo que me pondría. Era jueves y faltaba un poco para que me diesen las vacaciones. Cogí lo primero que pillé: un jersey negro y unos pantalones rojos. Me vestí lo más rápido que pude y cogí mi mochila. Me dirigí hacia el cuarto de baño para lavarme la cara. Encontré a mi madre en la puerta, limpiando el suelo.
- ¡Mamá! ¡Necesito lavarme la cara y es casi la hora de irme!
- Pues haberte levantado antes.
- Pues vale, llegaré tarde, pero que conste que no ha sido culpa mía.
- Como llegues tarde hoy no sales.
- Hoy no tenía pensado salir.- recé para que no me castigase sin salir el fin de semana- .
- Pues… ¡No cogerás el ordenador!
- ¡No, no eso si que no!
- Pues si no quieres, ya te puedes ir dando prisa.
- Vale, vale ya voy…
Salí del pasillo a toda prisa y me dirigí hacia mi habitación. Cogí un espejo que tenía guardado en el fondo de un cajón y lo puse sobre la mesa. Cogí un cepillo de pelo y me peiné lo más rápido posible. Me miré la cara. No estaba tan mal, al menos no tenía cara de recién levantada. Eso me parecía.
- ¡Mamá, me voy!
- Se te olvida el desayuno.
- ¡Es verdad! Bueno, da igual, ya me lo compraré allí.
Cerré la puerta de un portazo y fui directamente a casa de Maylie. Llamé a su puerta y me abrió su madre.
- ¿Está preparada Maylie?
- Pues creo que está cogiendo la mochila
- Ah, vale. Dile que se de prisa por favor.
- Ahora mismo se lo digo. – me sonrió y desapareció por la puerta-.
Justo entonces, apareció por la puerta Maylie, con una sonrisa en la cara.
- ¿Vamos?
- Vamos, ya estoy lista. – me sonrió-
- Oye, ¿Te ha ocurrido algo? Te veo como muy contenta…
- Jaja, pues ¿a que no sabes lo que ha pasado?
- ¿El qué? – Pregunté con entusiasmo-.
- Aah… aciértalo tú misma. – sonrió maliciosamente-
- Oh, venga, vamos, no seas cruel.
- No lo soy, te lo aseguro.
- Venga, ¡Dímelo, por favor!
- Pues ahora te dejo con la curiosidad.
- ¡No seas así!
- Sí lo soy
- Por favor. – dije tristemente poniendo cara de buena-
- Oh, vale, venga, te lo diré.
- ¡Bien!
- Pues después de clase te lo digo
- ¿Qué? ¡No! ¡Dímelo ya! – le dije nerviosa-
- Te he dicho que después de clase.
- Bueno, vale, me contentaré con eso.
- Muy bien, así debe ser. – comenzamos a reírnos juntas-.
Seguimos andando hasta llegar a la escuela y vimos que las puertas no estaban abiertas y todo el mundo estaba muy contento y algunas personas se iban.
- Chicas, hoy no habrá clases, los profesores están en huelga.
- Oh. Entonces, ¿nos vamos a nuestras casas?
- Pues sí, y cuanto antes, queremos ir despejando la zona.
- Vale, ahora mismo nos iremos.- el profesor se dirigió hacia la puerta de entrada hablando con otros chicos-
- Bueno, y ahora ¿qué hacemos Maylie?
- Pues no se, vámonos a mi casa, no hay nadie.
- Pero antes tenemos que pasarnos por la mía, tengo que avisar a mi madre.
¿Por qué habría huelga? ¿Era verdad? ¿O a lo mejor…?
- ¿Qué piensas de esto?
- Pues la verdad no tengo ni la menor idea de qué habrá pasado.
- Pues yo se aún menos…
No entendía nada, pero bueno, al menos tendríamos el día libre.
- Ah, por cierto, ¿qué era lo que me tenías que decir? –golpeé una piedra que había en el suelo y después la miré-. Estaba sumida en sus pensamientos, a saber los que eran…
- Pues mira, ¿recuerdas lo de que queríamos ir al cine mañana?
- Sí, ¿qué pasa con eso?
- Pues que…
- ¡Venga, dímelo, rápido!
- Vale, pues que mi prima, esa de la que tanto te hablé, viene mañana, y quiere ver The Last Song. Así que a lo mejor nos puede llevar. – sonrió.-
- Oh, ¿enserio? ¡que guay! De verdad, tengo muchísimas ganas de ver la película.
- Pues a ver, esta tarde me lo confirman. Tal vez venga por la tarde.
- Qué bien, así la conozco –sonreí-
Llegamos hasta mi casa y vi cómo el coche de mi madre se alejaba poco a poco. Intenté llamarla pero ni siquiera se inmutó. Ví cómo se perdía en el horizonte.
- Bueno, la llamaré por teléfono.
- Vale. Oye, por cierto, ¿y si vemos ahora una película?
- Vale, pero a ver cuál vemos…
- Pues no sé ¿qué tal… Titanic?
- Si vemos esa película perderemos toda la mañana, pero no me importa.
- Está bien, pues entonces, ¿la vemos?
- Vale – comencé a caminar lentamente esperando que ella me siguiese.-
Me siguió y cruzamos hasta una esquina. Allí nos encontramos con Maddy.
- ¡Maddy! ¿Cómo tú por aquí?
- Pues nada, que he venido a comprarme una camiseta que ví el otro día. – le contestó.
- Ah, ya sabía yo que no irías a visitarnos…
- Jaja, pues claro que sí, tenía pensado ir a vuestras casas después.
- ¿Enserio? Oye, ¿por qué no te vienes? Vamos a ir a ver una película a mi casa. ¿te apuntas? – le dio un codazo para que aceptase-
- Mm… está bien. ¿Pero qué película vais a ver?
- ¡Titanic! – gritó-
- Oh… Me encanta esa película, pero es muy larga.
- No pasa nada, tenemos tiempo.
- Sí, pero es que yo tenía pensado ir luego a comprarme ropa.
- Bueno, ves hasta que te tengas que ir.
- ¡Acepto! – le devolvió el codazo-
- Chicas, ¿vamos?
- Vamos –me contestaron-
Fuimos andando hasta llegar a la casa de Maylie. Todo el camino fueron hablando, pero yo no me enteré de nada absolutamente. Estaba sumergida en mis pensamientos. ¿Por qué ese sueño cada noche? ¿Por qué dio mi vida un giro al conocer a Maylie? ¿Era verdad que el destino quería llegar hasta un punto? ¿Sería tal vez una tontería?
- Necesito saber el significado de mi sueño – susurré-
- ¿Qué, qué estas diciendo Caitlyn? – me dijeron como si no entendiesen nada-
- Nada, nada. – les respondí avergonzada.-
- ¿Ya estás otra vez sumida en tus pensamientos?
Pero en ese momento ya no las oía. Estaba barajando la posibilidad, de que todo fuera fruto de mi mente. Y lo era. ¿Unos ojos azules? ¿Es que eso tenía algo que ver conmigo? No lo creo. La verdad, no entendía nada.
Llegamos a la casa de Maylie y entramos. No había nadie, como ella había predicho. Nos fuimos directamente para el salón, para poner la película en la televisión. Me senté en el sofá y me acomodé. La habitación era de un color grisáceo con cuadros rosas y grises y un sofá aterciopelado del color rosa y grisáceo de los cuadros. Todo estaba muy conjuntado. Tenía una mesa de decoración con un jarrón con flores secas y dos platitos cuadrados con unas especies de bolas de varios tamaños.
- ¿Hago palomitas? – nos preguntó Maylie-
- No sé, yo al menos quiero- le contesté
- Vale, hazlas porque yo también quiero- dijo Maddy.
Abrió un paquete de palomitas que había en un mueble de la cocina, y las metió en el microondas. 3 minutos.
- ¡Piiip!
- ¡Ya están listas! Vamos, ¡sácalas!
- Ya voy, tranquila
- Jaja, lo estoy, lo estoy.- comenzó a reírse sin parar-
La película comenzó y yo tragaba palomitas lo más rápido posible. Casi no masticaba. En pantalla Leonardo Di-Caprio
- ¡¡Aaah!! –chillé y al mismo tiempo me atragantaba con una palomita en la boca.-
Mis amigas comenzaron a reírse sin parar mientras yo, las observaba atónita con mirada asesina.
- ¿Qué? Es gracioso.- se carcajeó Maylie.-
- Claro…- comencé a reírme al recordar ese instante.-
Todas reímos a la vez.
- ¡Vamos, parad! ¡Quiero ver la película!- les grité sin poder parar de reírme.-
- ¡Maylie!
- ¿Qué? –preguntó asustada-
- ¡Vamos, trae refrescos!- gritó Maddy-
- ¡Me habías asustado! Y por cierto, a mí no me des órdenes ¿vale?- le dijo mientras la miraba con brusquedad-
- Vale, vale…
Maylie fue a coger los refrescos y vino cargada de vasos y demás.
- Tomad, aquí los tenéis, chicas.
- ¡Gracias!- le dije sonriendo-
Me apresuré a coger el refresco sin apartar la vista de la tele.
Cuando volví a mirar la hora, ya eran las 11. Nos habíamos pasado 3 horas allí, viendo Titanic y aún no había ni terminado.
La película acabó mientras que yo me secaba las lágrimas, avergonzada.
- ¡Chicas! Me tengo que ir, es muy tarde.
- Vaya, yo también.
- ¿Me vais a dejar sola? – dijo con una tristeza fingida-
- No, estarás con tu amigo el Coco. – me carcajeé-
- - Vamos, no seas así. – lloriqueó-
- Oye, ¿por qué no te vienes a mi casa?
- ¡Vale!.-sonrió-
- ¿Y yo qué?- preguntó Maddy-
- Vamos, te acompañaremos hasta tu casa.
Salimos de la casa de Maylie y dejamos a Maddy en su casa. Fuimos a mi casa y estuvimos allí, viendo la televisión mientras esperábamos a que fuese más tarde para comer.
Sonó el timbre. Abrí la puerta lo más deprisa que pude.
- ¡Voy! – grité bajando las escaleras para dirigirme hacia la puerta.-
- Oh, ¿Qué haces tan pronto aquí?
- Caitlyn, es mi hora de siempre. – miré el reloj 20:30. Era cierto...
Subí las escaleras hasta mi cuarto y me senté sobre la cama, pensando en qué hacer.
Me conecté al ordenador y hablé con Maylie y con Paul.
Una suave brisa recorrió el ambiente. Me acarició las mejillas y me apartó el pelo de la cara.
Me tendí en la cama y estuve pensando en qué hacer el día siguiente.
Me quedé profundamente dormida. Pero era extraño, no había soñado lo mismo de cada día, había dejado un paso de distancia desde mi último sueño con eso. Quería volver a soñarlo y poder alcanzarlo.
Me desperté sobresaltada por un extraño ruido que venía de la ventana. Un manto de inseguridad, miedo y oscuridad recubría la habitación.
Me dirigí hacia la ventana. Mi corazón latía cada vez con más fuerza.
Asomé la cabeza hasta que pude ver el jardín. No había nada, al menos en ese momento.
Miré el reloj de nuevo 2:00. Me conecté al ordenador para despejarme un poco. Pasé allí demasiado tiempo…
¡Ring, ring! Sonaba el teléfono. Pero ¿Qué horas eran para llamar? Más le valdría tener una buena excusa para hacerlo. Me entró de nuevo el pánico al ver a la hora que estaban llamando 3:00.
- ¿Si? ¿Quién es?
- Eh… Jack
- ¿Te conozco?
- Perdona, creo que me he equivocado de número.
- Bueno, no pasa nada menudo susto me has dado…
- Ah ¿Si? Lo siento de veras…
- No, no es nada, y por cierto, la próxima vez mira el reloj antes de…
Pero colgó antes de dejarme terminar la frase.
- Maldita sea.- murmuré.-
Me acosté de nuevo. Me costó conciliar el sueño, estuve al menos una hora moviéndome de un lado para otro a ver si conseguía dormirme. No me quitaba de la cabeza aquella llamada...
Cuando me desperté por la mañana fui a desayunar. En la cocina, estaba mi madre preparando el desayuno.
- Mamá, voy a salir.
- Maylie ha estado aquí
- ¿Cuándo?
- Pues… hace unos 10 minutos
- Y ¿qué te ha dicho?
- Me dijo que en cuanto te levantases te dirigieses a su casa
- Pues me voy a su casa.
- No vuelvas tarde.
Salí corriendo de mi casa hacia la casa de Maylie.
- ¡Maylie!
Pero ya estaban saliendo con el coche.
Me quedé allí parada observando como se alejaban, pero se abrió una ventanilla donde probablemente se encontraba sentada Maylie en el interior y oí una voz que dijo:
- ¡Caitlyn, luego te llamo!
¿A qué venía todo esto? ¿Dónde iría?
Cogí mi móvil y marqué el número de Maylie.
- ¿May?
- Ssí.- respondió confusa-
- ¿Dónde estás?
- Lo siento, Caitlyn, ahora no puedo hablar, llámame más tarde.
- Está bien… - respondí con torpeza a la vez que me quitaba el móvil del oido para colgar.
¿Y ahora dónde voy? Vale, yo no pienso irme ahora para mi casa y llevarme allí todo el día. Iré al parque, aunque tal vez… a ver qué hago yo allí sola…
De camino al parque, fui sorteando las losas sobre las que pisar, y a la vez, iba escuchando My Chemical Romance con mis auriculares puestos.
Crucé dos calles adelante, y entré en el parque. Me senté en un banco para descansar y beber un poco de agua que había metido en el bolso con el fin de no tener que volver a casa a por agua. Miré a mi alrededor, había un grupo de niños montados en bicicletas y unos niños pequeños también. Me levanté, para dirigirme hacia una tienda para comprar unas golosinas. Antes de que pudiese llegar allí, tropecé con una piedra. Vi, como nadie se había dado cuenta. Me levanté a toda prisa antes de que alguien pudiese verme allí tendida en el suelo, pero antes, dirigí la vista hacia un chico que parecía haberme visto caer. Me sentí tan avergonzada, que me levanté rápidamente y seguí andado hacia mi objetivo. Intercambiamos una mirada, pero en el mismo instante, los dos miramos hacia delante a la misma vez. Intenté, borrarlo de mi mente durante los 10 minutos posteriores. Fue prácticamente imposible. Me aseguré de que seguía en pie.
Al volver la vista, lo volví a ver, estaba más cerca. Me quedé durante un minuto mirando sus ojos sin poder pestañear, eran de un azul intenso, azul como el mar, nunca había visto unos ojos como los suyos. ¿O sí? ¿Eran iguales que los de mi sueño?
Desvié la mirada al darme cuenta de que me estaba mirando fijamente. Me sentí muy avergonzada. De pronto, una ráfaga de viento, desvió las hojas que caían de los árboles. Se acercó hacia mi y con una increible dulzura en su voz, dijo:
- Oye, ¿ Te encuentras bien?
Me pareció que se dirigía a mi, pero en el momento en que quise darme cuenta de lo que pasaba, el mundo daba vueltas, me sentía muy mal. Pensé que era mejor que aceptase su ayuda y no pensar más en que me había visto caer y había quedado en mal lugar. Tartamudeé:
-Ssí, por fa-fa-vor.
El chico me ayudó a levantarme y me agarró con fuerza. Me llevó aferrada a él hasta un banco que había en el parque. Me sentó a su lado y me dijo:
- Creo que lo mejor es que te vayas cuanto antes a tu casa, parece que te has dado un golpe, será mejor que no esperes a sentirte peor. Te acompañaré hasta tu casa si quieres.
Me limité a asentir ya que no tenía fuerzas para hablar correctamente. Le fui indicando el camino hasta mi casa y allí nos despedimos. Al llegar a mi casa, parecía que me encontraba mejor y le agradecí que me hubiese acompañado.
- Muchas gracias por acompañarme.
Él me sonrió y dijo:
-No hace falta que me des las gracias, no es nada.
- Bueno, espero que esto no sea una despedida, dime, ¿cómo te llamas?
- Mi nombre es Jack ¿Y el tuyo?
- Pues yo me llamo Caitlyn, ¿Sabes qué? Me suena mucho tu voz…
- Pues creo que no he hablado contigo antes.
- No lo sé…
- Bueno, hasta... creo que nunca.
- ¿Qué pasa?
- Es que... es una larga historia...
- No te preocupes, tengo tiempo de oirla.
- Por cierto, ¿Te encuentras bien ya?
- Sí, pero venga, cuéntamela, tengo curiosidad.
- Te la contaré, pero en otro sitio, vamos a dar un paseo y te la cuento mientras tanto.
Cruzamos mi calle andando y noté que ya me sentía casi bien del todo.
- Verás, todo comenzó cuando me mudé de Estados Unidos hasta aquí, porque mi padre, es médico y hace operaciones bastante peligrosas, y nos tuvimos que mudar, porque aquí en España no habían muchos médicos así, y hacían falta porque había habido una enfermedad. Entonces, nos mudamos hace unos 4 años, y nos dijeron que algún día, volveríamos a mudarnos a Estados Unidos para no mudarnos ya nunca más. Al principio, yo no quise mudarme, pero sabía que tendría que hacerlo, así que nos mudamos y no puse objeción. Y ahora es realmente cuando no quiero volver a Estados Unidos, ahora tengo aquí todos mis amigos. Realmente, nos podemos quedar aquí, pero obviamente, no nos vamos a quedar porque toda nuestra familia está allí, y mis abuelos y todo, necesitan que estemos allí. No veo a mi familia desde que me mudé hasta aquí. Mis padres quieren volver cuanto antes. Los primeros días que estuve aquí, nadie se acercaba a mi, me veían como un extraño, encima yo no hablaba español, así que peor lo tenía… Pero con el tiempo aprendí a hablar español, y ya lo hablo bastante bien.
- Y tú, ¿nunca les has dicho que no te quieres ir?
- Créeme, aunque se lo dijera, no me iban a hacer caso.
- Pero, ¿ya sabéis seguro que os vais a ir?
- Sí, es que verás, el otro día, llamaron a mi padre por teléfono, y le dijeron que para cuando acabara el verano, lo iban a destinar hacia allí ya finalmente. Y ya no nos volveremos a mudar nunca más.
Me senté en un escalón y él se sentó a mi lado. Nos mirábamos el uno al otro.
- Entonces, ¿no vas a volver nunca más?
- Tal vez viaje algún día… - dijo mirando al suelo.-
Nos quedamos en silencio durante unos largos segundos.
- No quiero que esta sea la última vez que te pueda ver. – le dije mirándole y a la vez sacando una sonrisa.-
- Aún queda bastante tiempo de aquí a que yo me vaya.
- Pero el tiempo pasa rápido…
- Oye, me tengo que ir, si quieres, paso mañana a recogerte.
- Mañana… está bien, pues pásate a eso de las once, ¿vale?
- Está bien, aquí estaré.
Se levantó y se fue caminando mientras me hacía un gesto de despedida. Me quedé sentada un rato pensando. Así que se llamaba Jack… ¡Jack! ¿No era ese el chico que me llamó por teléfono? Lo sabía, sabía que su voz me sonaba… Así que ese es…
Me levanté cuidadosamente y me fui hasta mi casa.
- Mamá, ya estoy en casa.
- Un poco tarde…
- Es que me he entretenido, lo siento.
- Bueno, ponte a comer.
Permanecí en silencio hasta llegar a la mesa. Tenía ya el plato de comida sobre la mesa.
- Ah, Caitlyn, esta tarde, vamos a ir a hacer unas compras.
- Yo tengo que ir, ¿verdad?
- Hombre, si prefieres quedarte en casa mientras que yo te elijo la ropa…
- Está bien, iré.
- Pues ahora en cuanto termines de comer, vas te duchas y te vistes para irnos.
Comí rápida y me dejé casi todos los macarrones en el plato, no tenía hambre.
Terminé de comer y me fui rápida a mi habitación. Cogí una camiseta negra con una calavera morada y una falda de tul negra. Dejé la ropa sobre la cama y fui al baño. Encendí la luz cuando llegué a la puerta, presionando suavemente en el interruptor. Cerré la puerta y me desnudé. Me solté el pelo, me lo tenía que lavar. Introduje un pie sobre la bañera, y después cuidadosamente, el otro. Moví mi mano para encender el grifo, y con la otra mano, cogerlo. Me enjaboné el pelo y luego me lo aclaré abundantemente. Me lavé también el cuerpo, y me eché mascarilla en el pelo.
Salí de la ducha y me puse el albornoz. Me peiné mirándome al espejo, suavemente con el cepillo. Me fui para mi cuarto, para vestirme. Cerré la puerta al entrar, y me vestí. Me puse unos calcetines hasta las rodillas, eran de rayas moradas y negras, mis colores favoritos.
Miré por mi cuarto, buscando dar con mis zapatos pero nada.
- Mamá, ¿dónde has puesto mis zapatos?
- Están guardados en la caja.
Saqué la caja de Converses de debajo de la cama y las cogí.
- Menos mal, están aquí. – pensé.-
Me puse las Converses negras y ya estaba lista.
Bajé las escaleras medio corriendo pero con cuidado de no tropezar. Me dirigí hacia el salón, allí había dejado mi móvil con los auriculares. Me vendría bien para el camino, no pensaba escuchar las canciones de mi madre en la radio.
- Venga, vámonos.
Abrí la puerta que daba a la calle y salí fuera. El coche estaba en la puerta, así que me monté de inmediato, ya que mi madre lo había abierto.
En el camino, no pronuncié palabra, fui todo el camino escuchando música mientras mi madre escuchaba la radio e iba pendiente de la carretera. Me pareció extraño que mi madre no me preguntase que dónde había estado esta mañana.
Aparcó el coche y nos bajamos.
Fuimos entrando en las tiendas pero yo no veía nada que me gustase. Al final, encontré algunas cosas que sí que me gustaron. Una camiseta con un corazón roto, medias de rayas blancas y negras, falda de cuadros roja y negra, diademas...
Entramos en una tienda de zapatos y había Converses de muchos colores. Yo había estado ahorrando para comprarme unas moradas.
- ¿Converses moradas del número 38?
- Ahora mismo se la damos. – me atendió una mujer muy amable.-
Me dio los zapatos y me los probé sentada en un banco.
- Están bien.
- Caitlyn,¿piensas tener esos zapatos de todos los colores?
- Emm, estaría bien.
Pagamos los zapatos y salimos de la tienda. Me dirigí hacia un escaparate que me había llamado la atención, todo con colores llamativos, pero no había nada que me gustase.
- Mamá, ¿nos vamos ya?
- ¿Qué hora es?
- Las siete y media.
- Vale, pero antes me voy a pasar por otra tienda que estoy buscando una camiseta…
- Fuf… - me quejé.- Pues te espero sentada en aquel banco. – le dije señalando a un banco que había delante de nosotras.
Se marchó y fue entrando en las tiendas. Mientras, me quedé escuchando música, sentada.
Volvimos a casa en cuanto mi madre encontró la camiseta que buscaba.
¡Maylie! No me había acordado de llamarla. Bueno, cuando estuviese en casa la llamaría.
Llegamos a mi casa a eso de las 8 y media. Me subí a mi cuarto con las bolsas y empecé a guardar la ropa y demás en mi armario. Cuando terminé, telefoneé a Maylie.
- ¿Hola?
- Ah, hola, Caitlyn
- Maylie, ¿dónde estás?
- Estoy en casa de mi tía, mis padres me avisaron esta mañana de que íbamos a ir, lo siento.
- No pasa nada, y por cierto, ¿por qué no podías hablar esta mañana?
- Es que cuando me llamaste, estaba metida en el coche y no se oía bien.
- Ah, vale. Bueno, ¿Y cuándo vuelves?
- Creo que el lunes por la tarde, como por la mañana no hay clase, pues me tengo que quedar aquí.
- Pues cuando vuelvas, no te olvides de llamarme ¿Vale?
- Está bien, te llamaré.
- Pues hasta el lunes, que te lo pases muy bien.
- Muchas gracias. Hasta el lunes.
Colgué y me puse al ordenador. Llevaba ya varios días sin conectarme, así que la gente empezó a preguntarme que por qué no me había conectado…
Me desperté por la mañana sobre las 10. Me vestí rápidamente con lo que me había comprado el día anterior: la falda de cuadros roja y negra, y la camiseta con el corazón roto. No podría estrenar las converses, iba de rojo y de negro. Bueno, me volvería a poner las negras. Me puse también una diadema con un lacito negra y roja. Me peiné bien y me dirigí hacia la cocina para desayunar.
- Mamá, voy a salir ahora.
- Antes, tienes que desayunar.
- Sí, para eso he venido.
Desayuné a toda prisa y me lavé los dientes al terminar. Salí de mi casa a las once menos cuarto.
Me senté en un banco que había en la esquina de la calle.
El tiempo pasaba y allí no se presentaba nadie.
11:00, 11:30...
Me levanté cuidadosamente y miré para los lados, no venía nadie, vale, me había plantado. Me fui para mi casa y estuve tendida en mi cama todo el día, pensando en lo que había pasado.
¿Por qué no había venido? ¿Es que acaso no quería volver a verme? Nadie iba a responder a esas preguntas, tal vez se había marchado ya. No tenía importancia, dejarme a mi tirada, que va, eso lo podía hacer cualquiera, ¿quién iba a decidir irse conmigo?
Nadie, ya está, esa pregunta estaba bien respondida ya.
Vale, me pondré a leer, no pienso llevarme así toda la vida. Cogí mi libro de Oscuros y empecé a leer. Tal vez yo tenía cosas en común con la protagonista, aunque la mayoría no, ya que yo no tenía a ningún chico…
Me pasé así todo el fin de semana, sola, en mi habitación sin ir a ningún lado.
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